22.11.05

Millennium actress, de Satoshi Kon

Chiyoko perseguía una sombra con la llave colgada del cuello: aquel pintor la perdió y se vio en la obligación moral de devolvérsela y en la obligación emocional de ver su rostro. Inició una búsqueda que habría de durar mucho tiempo, el mismo que gastaría como estrella del cine de postguerra japonés. Una carrera cinematográfica en los más diversos papeles, que aquí se nos muestra como un sueño donde el tiempo avanza a trompicones y el espacio se ha desvanecido. Un sueño que es una historia pasada hecha de otras pequeñas historias: de samurais, enfermeras, guerras, policías y disidentes,... Que camina hacia el presente, como testimonio de toda una vida dedicada al único fin de abrir la caja que contiene la cosa más importante del mundo, con esa llave que se pierde y se recupera, como la esperanza de un futuro en que las facciones se desvelan y muestran la felicidad tan y tan deseada. Una vida que ya ha pasado y una esperanza que ya ha desaparecido, dejando paso a la resignación de una anciana que intuye, aunque no sabe, que lo realmente importante no es lo que nunca ocurrió (y que nunca podría haber ocurrido), sino el camino recorrido hasta el momento presente,... el camino en busca de esa sombra inasible que se escurrió en los breves instantes en que fue visible. Y cuando descubre que efectivamente es eso, ya todo se acaba; una despedida que es otra pequeña historia en la carrera de una actriz de cine.

19.11.05

The taste of tea, de Katsuhito Ishii

The taste of tea es una película marciana que se sitúa entre una ciudad nipona y una montaña de las afueras de la propia ciudad, donde se encuentra el hogar de una familia de personas con una gran vida interior. Tenemos en el centro de la acción a la pequeña Sachiko Haruno, una personita introspectiva y circunspecta que es visitada eventualmente por una representación gigante de sí misma. Un yo (o un super-yo, quizá) que la mira de refilón y a escondidas y que aparece cuando menos se lo espera, en el jardín de su casa, en el patio de la escuela, o donde se preste. Sachiko es una chica que bosteza ante los discursos de los demás,... y es que realmente sabe qué cosas sí son importantes en la vida. Y sabe que deshacerse de esa molesta doble telescópica lo es. Así que juega sus cartas en esa dirección y en el sentido inverso, es decir en el sentido de dar un giro completo sobre una barra vertical, ideal de cómo deshacerse de molestas figuras inertes y espías, derivado de las narraciones extraordinarias de su tío Ayano. Él es un ingeniero de sonido que un día defecó sobre un cráneo humano creyendo que era un huevo gigante, provocando que durante algún tiempo el fantasma del dueño del cráneo le persiguiera allá donde fuera,... luego se lo contó a su sobrino. Ayano es una persona bastante contemplativa; se para a ver a un tipo que batea piedras en un meandro del río, se para a ver como otro tipo se contornea al lado de una tienda de campaña, se para también a ver a una antigua amada que se adivina imposible de recuperar, e incluso se para delante de unos lunáticos que cantan una canción sobre una montaña mientras danzan en una coreografía plutoniana. Uno de estos lunáticos es el abuelo Haruno, un dibujante manga de prestigio que se dedica a jugar, a dibujar y a hacer poses. El abuelo posiblemente es el portador del gen lunático que, evidentemente, ha sido transmitido a las sucesivas generaciones de la familia. Pero quién no querría un abuelo así. Es más: quién no querría un presidente del mundo así. Yo, desde luego, sí. El abuelo Haruno es también el maestro de Yoshiko, su nuera,... Yoshiko es una madre risueña que quiere volver a trabajar y dibuja sin descanso las poses de su suegro para configurar una historia de superhéroes que debe hacer las delicias de sus compañeros de gremio, a la vez que aprende de él y de su actitud los profundos secretos existenciales del dibujo. A veces se toma un té con parsimonia. Aún hay un tercer dibujante en la familia: Akira Todoroki, el hermano de Yoshiko que ha adquirido fama gracias a sus dibujos, en los que sin duda vuelca su compleja psicología. Además de recibir palizas de su empleada por culpa de su involuntaria indiscreción, Akira compone una canción que se regala a sí mismo por su cumpleaños, con coreografía lunática incluída, para disgusto de Ayano, al que no le queda más remedio que grabar la composición en su estudio. Y eso a pesar de que Nobuo, el hijo del abuelo Haruno, esposo de Yoshiko y padre de Sachiko, se opone. En principio, Nobuo podría parecer el personaje menos espacial de la película, pero teniendo en cuenta que se dedica a hacer hipnosis a sus pacientes, y también a su familia, quizá no esté tan claro. Tampoco me parece nada normal que interrumpa las ensoñaciones de su hijo cuando sorprende a este en el tren de vuelta a casa, con los ojos cerrados y absorto en pensamientos amorosos. Porque Hajime Haruno es un ser enamoradizo, además de mi personaje favorito (que me perdone la pequeña Sachiko). De hecho la película comienza con una fantástica escena en la que Hajime no alcanza la estación a tiempo para declararle su inconfeso amor a aquella chica que se marcha del lugar. Ese tren sale de su cabeza y pareciera que como en el cuadro de Magritte el tiempo se fuera a congelar. Pero no es el caso: a pesar de que el mundo le intenta convencer para rechazar el amor, al instituto llega Aoi Suzuishi, una chica en minifalda y con cara de ángel a la que le gusta jugar al go; y el soñador Hajime se queda embobado mirándola,... Resulta que a Hajime le gusta el juego en cuestión, pero de una manera moderada, claro que saber que tu amor platónico ha ingresado en el club de go del instituto es razón más que suficiente para convertirte en un campeón, seguirla hasta el citado club, sorprenderla con tus tácticas geniales, jugar una partida con ella, decirle que te encanta hacerlo (jugar con ella), conseguir que te sonría y luego regalarle un paraguas. Y si esto no es suficiente para conquistarla, habrá que recurrir al común atardecer, que también funciona.

13.11.05

Hana and Alice, de Shunji Iwai

(Suena un piano de juguete y el rondallaire carraspea,... empieza la función).

Vivir para siempre a través de los tiempos,... como pez en el agua mientras el mar,... las nubes y el viento permanece,... nunca carente de comida o protección,... como el niño de Shuringan y Gurindai de Paipo,... la princesa Ponpokopi y Ponpokona vivirán para siempre Jack,...


Hana y Alice son amigas. Juegan, se hacen bromas, ríen, espían a chicos en el vagón del tren y hacen ballet, siempre juntas. Un día cualquiera de una estación del año indeterminada (es decir, en invierno), Hana se enamora de un chico (Masashi) que lee en voz alta mientras camina por la calle,... le sigue hasta su club de cuentacuentos y decide apuntarse para estar junto a él por el resto de su vida. Qué romántica. (Yo quiero que me persigan; Yuri dice que él también). Un comienzo prometedor y la historia empieza a desmenuzarse (y se desmenuza bastante): un día, volviendo a su casa, el chico se da un golpe en la cabeza que casi le hace perder la consciencia y la memoria,... y en ese momento es, todo él tirado por el suelo después de darse un golpetazo en esa cabezota de cuentacuentos, cuando Hana (que no casualmente anda por ahí) aprovecha para contarle una mentirijilla inocente: que el golpe le ha producido amnesia, dado que no es capaz de recordarla, y dado que no recuerda que en realidad ellos dos son novios. Mentirosa. El chico pica (no sin ejercer su legítimo derecho a ser levemente escéptico, claro) y Hana sigue adelante con su mentira: se inventa toda una increíble historia sobre una relación nunca existente que Masashi ha olvidado, en la que acaba metiendo a su amiga Alice como coartada, para darle veracidad ante las sospechas del chico de que aquella le está engañando. El conflicto aparece cuando el cuentacuentos se enamora de Alice, Alice juguetea,... y Hana, lógicamente, se muere de los celos. Todo se desmenuza aún más y acaban todos desmenuzados, pero no cuento el final, que es demasiado bonito. Eso sí: todos felices y comiendo sopa de miso. (Nunca he probado la sopa de miso). Podríamos decir (Yuri y yo), sin temor a equivocarnos, que esta película es bonita y muy bonita: escenas de ballet a cámara lenta, escenas de árboles de flores lilas moviéndose con el viento, escenas de adolescentes jugando sobre la nieve blanca y pura de las primeras nevadas de esa estación indeterminada,... E igualmente bonito es el cuento en sí, un cuento como de Andersen, con unos toques de Carroll, y narrado en japonés. Un cuento que es puro juego, entre las protagonistas y entre las cámaras, con toques de suprarrealismo, música juglaresca y un final feliz como todo cuento debería tener; una historia de amor y una historia de amistad. Qué bonito cuento.

[Más de Shunji Iwai en Cosmódromo #11: All about Lily Chou-Chou]

10.11.05

Distance, de Hirokazu Kore-eda

Hirokazu Kore-eda envuelve sus ficciones con una capa precisa de realismo documental. En Distance lo hace mientras reflexiona acerca de la soledad, las lineas invisibles que contaminan las relaciones entre las personas y el aislamiento impuesto por los demás y por nosotros mismos. La película narra un suceso ficticio, la introducción de un virus mortífero en el suministro de agua de Tokyo por parte de una secta de iluminados suicidas, pero no en presente, sino como un suceso del pasado al que sólo se accede mediante flashbacks. El presente está reservado a los familiares de los iluminados y a sus pensamientos, durante su viaje iniciático al paraíso perdido donde aquellos vivieron y pensaron su acto final. La historia aparece a trazos, como si fuera un cuadro impresionista y cada pincelada ayudara a componer la imagen final, una respuesta a la búsqueda de comprensión de los protagonistas y del propio espectador, es decir, yo, que me veo implicado en ella,... una imagen que sólo puede ser interpretada mediante la revelación última, sorprendente e inteligente por igual, con la que Kore-eda le da un giro a toda la historia que me despeja algunas dudas y me crea otras... ¿Fue sólo una cuestión de locura, de odio irracional o de venganza hacia todos? La clave, sin duda, está en los lirios.

4.11.05

Para todos los gustos, de Agnès Jaoui

Al final de Para todos los gustos aparece una pequeña sinfónica tocando cada uno de sus componentes su instrumento correspondiente. Va por gustos, supongo. Pues eso es esta película. Va por gustos. El gusto de cada cual y el gusto de los demás, de los otros. Es un cómico microcosmos donde cada planeta se centrifuga hacia el siguiente de una manera cariñosa, casi sin quererlo, dibujando un compendio de la imperfección de las relaciones humanas, de los gustos humanos. En este microcosmos poliédrico creado por Jaoui y Bacri, en el que ellos casi ni se rozan, cada cara del poliedro es distinta a las demás, pero todas se van uniendo con un hilo muy largo, una detrás de otra hasta formar una maraña: la esposa repelente de un empresario inepto, la hermana del empresario inepto que debe soportar a la esposa de este, el empresario en sí, una actriz de la que se enamora, una camarera amiga de la actriz, un antiguo amante de esta que a su vez es el chófer del empresario, el guardaespaldas del empresario que habla y habla con el chófer y se acuesta con la camarera, el amigo de la actriz que a punto está de ser reducido por el guardaespaldas, el amigo pintor del amigo de la actriz que le vende un cuadro al empresario,... he ahí el microcosmos, donde no todo es necesariamente lo que aparenta, donde el resultado final no depende de las circunstancias en que se genera, donde cada planeta vuela con lastre hasta que lo suelta y se convierte en un globo que asciende. Una genialidad.

3.11.05

Al faro, de Virginia Woolf

Escribo algún sinsentido y al poco lo tengo que borrar. Y es que pocas cosas se me ocurren acerca de esta pequeña maravilla de la ingeniería de la narración. Es mínima y a la vez exhaustiva. Una sensación de total calma y equilibrio dinámico, pero de un dinamismo lento, muy lento, que no exasperante. Entretenido, pienso yo. De cómo escribir una reseña de un libro sin casi, casi hablar del libro. Un nuevo género literario se forja en este pequeño cubículo de nada y poco más. Pero poco es mucho y lo digo bien alto. La nada es algo menos que lo mínimo, y sin embargo lo mínimo es mucho más que la nada. En Al faro hay una familia de locuelos, es decir, de personas; también hay una serie de personajes extraños que orbitan alrededor de dicha familia,... y luego, claro está: el faro. El faro es una figura y poco más (en determinado momento se le ve, pero poco): es la meta de un viaje que va lento, lento hacia la comprensión de sí misma y sus circunstancias, de Lily Briscoe, a quien proclamo ahora protagonista universal de la novela. Si ese trazo de tinta que mancha el lienzo cuando todo acaba es el faro o no lo es sólo lo sabe ella, pero sin duda es símbolo de que el lienzo es algo más que sólo un trozo de tela blanca y virgen. Quizá es las circunstancias, o quizá es sólo ella, pero es. Detrás de las circunstancias está el paisaje: una playa, un prado, un cielo azul a ratos enturbiado y una pequeña mansión a ratos llena de vida y de circunstancias, a ratos abandonada en la soledad de la memoria vaga. Y delante del paisaje están las circunstancias: esa mujer que no sabe nada y se la mira y se erige en centro del sistema orbital, ese misterioso señor que lo sabe casi todo, ese chico que se rebela ante la tiranía, ese hombre racional, esa nada,... O quién sabe.

25.10.05

Charisma, de Kiyoshi Kurosawa

- Es peligroso pasear por la montaña... si no se conoce. Tan pronto como te apartas un poco del camino, algo se arriesga.

Chizuru es una especie de Caperucita Roja contemporánea y perversa, una criatura adorable, caprichosa y adorable (e incluso muy adorable). Su hermana Jimbo, que es botánica y le echa veneno a las plantas, la tiene guardadita en la casita del bosque, alejada de la deseable civilización, aislada de las cosas excitantes de la vida, que cualquier Caperucita Roja debería poder experimentar para dar rienda suelta a toda su traviesa imaginación. Recientemente ha llegado Yabuike, un policía que ha decidido que no comprende el mundo ni a quienes lo habitan y que busca respuestas en este bosque hipotéticamente lleno de paz. También está Kiriyama, un tipo violento que cuida de un árbol y de un antiguo balneario que se cae a trozos. Y para acabar tenemos a los enanitos del bosque, que no se sabe muy bien a qué juegan (malditos enanos). Kurosawa juega con sus personajes y utiliza constantemente referencias de la literatura popular: a cada uno de ellos le da un papel dentro de una gran fábula que se nutre de otras fábulas para contar una pequeña historia de grandes ideas.

Esta pequeña historia empieza más o menos cuando Yabuike, desconcertado e inopinante, decide internarse en el bosque en busca de respuestas, mas lo que encontrará serán aún más preguntas. O quizá las mismas preguntas que ya se formulaba, pero con otros enunciados. O quizá simplemente más desconcierto. Y todo por culpa del árbol de Kiriyama, bautizado como Charisma por su evidente popularidad. Charisma es un árbol raro en un bosque bello pero monótono. Una excepción. Y es también motivo de mil disputas. Es un árbol valioso por su rareza y presuntamente peligroso por su toxicidad. Los enanos del bosque lo quieren vender para sacarse un sueldo extra, Kiriyama lo protege porque sí y Jimbo lo quiere muerto, chamuscado y hecho leña porque ataca al equilibrio del ecosistema. Así que tenemos a un arbolito que lucha para sobrevivir, para tener su propio espacio, pero totalmente descontrolado, irrespetuoso con la vida del resto del bosque; y una espiral de disputas a su alrededor, que a su vez nos llevará a una espiral de reflexiones. Lo que se nos plantea de fondo es un dilema moral acerca de la relación entre individuo y sociedad, de la violencia que conlleva su coexistencia y de los efectos de su confrontación. Y en eso es en lo que piensa Yabuike. Cómo salvarlo todo, cómo salvarlos a todos. Qué es lo correcto. Yabuike es el ser comprensivo en un bosque de locos mentirosos y peligrosos. Y Caperucita Roja es traviesa y adorable.

- Dime, si tuvieras que elegir entre un árbol especial... y el bosque entero... ¿cuál elegirías? Es una pregunta muy complicada. Pero sólo tiene una respuesta. No hay manera de que los dos vivan. Las fuerzas de la vida y de la destrucción son la misma fuerza. Es lo que tu hermana me enseñó. Entonces, ¿qué hacer? Si uno vive, los otros mueren. Si ambos intentan vivir, desgraciadamente, ambos pueden morir. No hay respuesta. O tal vez... el problema viene del hecho de hacer la pregunta en esos términos. Ya que los dos intentan vivir, entonces que ambos vivan. Así funciona.

17.10.05

All about Lily Chou-Chou, de Shunji Iwai

El Éter es el refugio a donde huir de la miserable realidad. El Éter es la música de Lily Chou-Chou, y la repugnante realidad está compuesta de una familia, una escuela y una sociedad incapaz de comprender y proteger a sus pequeños. Yuichi busca una huída hacia delante, una huída hacia el Éter, pero es un chico al que la decisión le queda grande porque le han enseñado a decir siempre sí a todo. Esa incapacidad para decidir será la que le llevará a una espiral de catástrofes, a convertirse en un muñeco en manos de quienes también han sufrido a esa sociedad alienante y han respondido a ella con violencia. Lo convertirá en un espectador de la destrucción de su propia vida... Lo que hay en All about Lily Chou-Chou es un retrato de como la sociedad anula a sus individuos desde bien pequeños, a base, sobre todo, de una total incomprensión. Una incomprensión que los hace débiles y los desorienta, haciéndolos incapaces de comunicarse entre sí, obligándoles a vivir en el anonimato, expulsándolos hacia la alienación, y que les obliga a buscar la felicidad en un mundo de ilusión, casi ficticio, en el Éter. Lo que hay es una bella película, que no es deliciosa porque duele, pero casi.

10.10.05

Eureka, de Shinji Aoyama

El ser humano es un cuerpo frágil en un ambiente hostil. Y en ocasiones ese ambiente, conformado sobre todo por la sociedad, es especialmente doloroso. Ante el dolor, nuestro recurso defensivo principal es el miedo; cuando el dolor es insoportable el miedo es tan grande que desaparece y deja paso al mutismo y la alienación. Uno no puede controlar su vida como si fuera un capitán de barco que da órdenes, porque no tiene gobierno posible, es profundamente caótica, siempre, y anárquica incluso en la relación con nosotros mismos y nuestra conciencia. En un mundo personal en que el miedo nos ha traumatizado es posible que nuestra conciencia desaparezca o simplemente esté tan perdida que sea imposible encontrarla, que se imbuya profundamente en esa anarquía existencial y ya no comprenda en absoluto a la sociedad. Entonces es posible que el individuo simplemente actúe en contra de esta. No por rebeldía, sino por incomprensión. Así que, en cierta manera, la sociedad crea sus propios monstruos a través del miedo que suscita en ellos. ¿Cómo arreglarlo si en realidad la sociedad ya es de por sí caótica? ¿Quién puede acabar con todo ese miedo? Ciertamente nadie. ¿Así que sólo nos queda la alienación? La reflexión, quizás, puede hacer que esos miedos sean menos traumáticos, y puede, quizás, hacernos tan valientes que nadie sea capaz de dañarnos. Eso es lo que yo he pensado al ver Eureka.